El
pensamiento no debe restringirse una latitud o cultura, el ser humano, por
naturaleza, está inclinado a la observación de su entorno y a la posibilidad de
entenderlo y cuestionarlo. De esta manera surgen las posibles explicaciones de su existencia.
Desafortunadamente,
la filosofía es concebida como el producto de un pensamiento escolástico, europeo
y dominante. Sin embargo, no puede y no debe
reducirse a algo tan drástico. El pensamiento dominante, occidental y hegemónico,
se ha ostentado como el poseedor de la verdad, de la civilización.
Pero
, ¿las verdades son posibles? Si recurrimos también al pensamiento griego,
podemos observar que existían unos pensadores denominados escépticos, para
quienes las verdades eran simple y sencillamente una apreciación de los
fenómenos a través de los sentidos, pero que podrían diferir entre varios
espectadores, pues la apreciación del fenómeno dependía de variadas
circunstancias.
Bajo
esos términos, cabe cuestionar el pensamiento de Hegel respecto a que Europa
era la culminación del pensamiento occidental. Es cierto, es el pensamiento
dominante, pero no el único. Porque la civilización tampoco es una sola,
existen muchas maneras de ver el mundo, muchas concepciones de la realidad y
formas de vida distintas del pensamiento que actualmente domina y que justifica
un sistema depredatorio en todos los aspectos. El pensamiento filosófico dominante,
lejos de cuestionar el sistema actual busca nuevas estrategias de inclusión
para legitimar el modo de producción actual, el sistema capitalista. Al
respecto, en su libro Filosofía Andina, Josef Estermann, realiza una crítica
contundente al pensamiento posmoderno. En él cuestiona la idea del
multiculturalismo como una falsa inclusión del pensamiento diverso.
La globalización neoliberal es un proyecto
super-cultural, y, en el fondo, también lo es la postmodernidad. […] La
super-culturalidad siempre es hegemónica y expansiva, porque se auto-concibe
como jerárquicamente superior a las demás culturas; tiende a la ‘totalidad’ y
al totalitarismo. […] El reconocimiento de la ‘otra’ y del ‘otro’ (y de la
alteridad cultural) sólo es un reconocimiento entre desiguales: la relación
hegeliana entre ‘amo y esclavo', La supremacía cultural occidental vive
(dialécticamente) de su reconocimiento por las culturas ‘inferiores’; la
alienación cultural (y filosófica) del ser humano no-occidental es la otra cara
de la medalla de la su- per-culturalidad occidental. [1]
Durante mucho tiempo, se reprochó a la región Latinoamericana ser únicamente un
mal remedo del pensamiento europeo. Sin embargo, si bien es cierto, nuestra
región no puede emanciparse completamente ese pensamiento, sí ha caído en la
cuenta que no solamente se compone de él. El pensamiento latinoamericano tiene
trazas de pensamiento de los grupos indígenas, de sus cosmovisiones, tiene
concepciones que derivan del pensamiento europeo, pero ha retomado este
pensamiento para situarse desde un contexto regional, es decir, retoma todo
pensamiento que le es útil para poder explicar la realidad de América Latina.
No se puede recurrir a purismos respecto al pensamiento de la región, pues no
sólo está hecho de las concepciones de los pueblos de Abya Yala, sino que es
una amalgama de concepciones que permiten cuestionar la coyuntura de la región.
Los pensadores latinoamericanos han recurrido sí al pensamiento de Marx, de
Gramsci, de Hegel y demás, pero siempre retomando y adaptando algunas de sus
ideas a lo que sucede en la región.
Los sectores dominantes, han impuesto también sus formas de
pensamiento, destacando en todo momento el papel de los intelectuales en estos
menesteres, así se han conformado bloques históricos en términos de Gramsci:
Un sistema social está integrado sólo cuando se
construye un sistema hegemónico bajo la dirección de una clase
fundamental que confía su gestión a los intelectuales: en este caso se ha
logrado un bloque histórico. El estudio de este concepto no puede entonces
estar separado del estudio de la hegemonía, del bloque intelectual. […]Sólo
una concepción así del bloque histórico permite captar, en la realidad
social, una unidad orgánica de la estructura y superestructura. [2]
La
importancia de desafiar ese tipo de hegemonía de pensamiento implica también
desafiar toda una estructura de imposición ideológica. Implica tratar de
colocar pensamientos diversos de naturaleza distinta a la lógica de un
pensamiento justificante de un sistema opresor y depredatorio de la humanidad y
la naturaleza.
La filosofía es la piedra angular de la
ideología; el problema fundamental de toda filosofía que se ha traducido en
movimiento cultural, en "creencia" es "conservar la unidad
ideológica de todo el bloque social, que precisamente es cimentado y unificado
por esta ideología"[3]
Ahora bien, la región llamada por Martí Nuestra América, juega un papel vital en
la conformación del mapa mundial, no como sector dominante, sino como lugar
estratégico en el abastecimiento de recursos para las naciones y
transnacionales más ricas. En ese contexto, el discurso de inclusión de los
pensamientos diversos, se traduce en una pretendida legitimación del discurso
dominante, no en la auténtica inclusión de los pensamientos divergentes, pues
la globalización del sistema económico, implica también la globalización del
pensamiento y la pretensión de universalidad del discurso dominante.
La
región latinoamericana, en consonancia con otras regiones del mundo, se
encuentra amenazada por la voracidad del sistema capitalista neoliberal, en ese
contexto, la única manera de desafiar ese peligro es creando formas de pensar
divergentes, que cuestionen la hegemonía de ese pensamiento, y que a la larga
lleven a impedir el saqueo y la dominación de nuestra región.
Es
vital entonces, repensar nuestra posición como parte del ansia de unos cuantos
dueños de grandes capitales que ven nuestra región como un potencial de aumento
de sus riquezas, es vital presentar alternativas de concepciones del mundo y de
las verdades impuestas. Es importante plantear otras alternativas, y
difundirlas, la homologación y universalización de pensamientos y concepciones
únicamente nos llevarán a un triste destino, el deterioro de nuestra especie y
nuestro planeta. Planteemos entonces otros pensamientos, que desafíen la
hegemonía de la pretendida verdad de nuestra existencia. La vida del hombre no
se reduce a la acumulación de riquezas, el ser humano es mucho más que eso, su
capacidad de pensamiento y de reflexión no es un adorno.
[1]
Stermann Josef, Filosofía Andina, Quito, Abya Yala, 1998, p. 44-45
[2] Portelli, Hugues, Gramsci y
el bloque histórico, María Braun (trad.) 4a. ed., México, D.F, Siglo XXI
editores, 1977. p. 10
[3] Gramsci,
Antonio, El materialismo histórico y la filosofía de
Benedetto Croce, Buenos Aires, Nueva visión, 1971 p. 12