EL
ÉXITO IDEOLÓGICO NEOLIBERAL
Para
hablar sobre neoliberalismo, me parece interesante este título que he retomado
de un apartado de Jaime Osorio[1],
pues efectivamente, la implantación y subsistencia del proyecto neoliberal
hubiera sido prácticamente imposible sin el éxito de una ideología que lo
legitimara. Lo anterior, en virtud de que sabemos que la eficacia de una
doctrina reside principalmente en el nivel de consentimiento o aceptación que
pueda obtener de sus destinatarios, es decir, de la construcción de un sentido
común, en términos de Gramsci.[2]
Ya
Valenzuela nos habla de las dimensiones de la doctrina neoliberal, de las
cuales considero importante retomar la primera, pues se refiere a la dimensión
filosófica o ideológica, la cual, en el caso del neoliberalismo como ideología
dominante, protege entonces los intereses de la clase dirigente y con esa
finalidad, se vale de un conjunto de proposiciones, de las cuales, el autor
retoma las siguientes:
a) una economía capitalista asegura el pleno
empleo de los recursos, tanto de la fuerza de trabajo como de los medios de
producción; b) los recursos se emplean del modo más eficiente y, por ende, se
maximiza el producto y el crecimiento; c) la distribución del ingreso entre
capitalistas y asalariados no hace sino retribuir a cada grupo social (y a cada
individuo) de acuerdo a su contribución al producto. Es decir, no existe la
explotación y los intereses económicos de capitalistas y asalariados son
solidarios y convergentes; d) asimismo, sostiene que el sistema, abandonado a
su propia suerte, es espontáneamente estable amén de eficiente. Más aún, en
este contexto se señala que la eventual intervención estatal es fuente de
ineficiencia e inestabilidad; e) en este contexto, también se señala que todo
intervencionismo o regulación de las relaciones económicas con el exterior
genera ineficiencias en la asignación de recursos y las consiguientes “pérdidas
de bienestar”. Por lo mismo, se aboga firmemente por el libre comercio y la
plena libertad de movimiento de los capitales.[3]
Ahora
bien, cabe señalar aquí que, para que una ideología o forma de pensamiento sea dominante, tiene que presentarse de
manera que sea sugerente para nuestras intuiciones, instintos, valores y
deseos, y si esto es posible, el aparato conceptual de dicha ideología se
adhiere de tal forma al sentido común, que se convierte en una verdad
incuestionable.
En
la Reunión de los principales teóricos neoliberales en 1947 en Mont Pelerin, Hayek el convocante,
además de otros ideólogos, entre los que se encontraban Milton Friedman, Karl
Popper, Lionel Robbins, Ludwing Von Mises, Walter Eukpen, Walter Lippman,
Michael Polanyi y Salvador de Madariaga, se reunieron con el propósito de
combatir el Keynesianismo y el solidarismo, preparando las bases para un modelo
sustituto, uno que promoviera la libertad de mercado y por tanto, la nula intervención estatal, para ello
apelaron a la desigualdad como valor positivo.
El
momento oportuno para implantar la ideología neoliberal surgió con la crisis
del modelo económico de la posguerra, cuando el mundo se encontraba en plena
recesión económica, fue entonces que los neoliberales culparon de la crisis al
poder los sindicatos y al movimiento obrero. Aquí considero que debemos retomar
la idea de la construcción del sentido común; pues éste se elabora a partir de
prácticas asentadas en el tiempo de socialización cultural, a menudo hondamente
enraizadas en tradiciones regionales o nacionales. Entonces, ¿cómo se apeló a
la construcción de un sentido común afín al neoliberalismo? Pues bien, Harvey
nos aclara que en el caso de EU, la palabra libertad
forma parte del sentido común de la población, y por ello, los neoliberales
mañosamente apelaron a ese término.
Los
valores centrales de la civilización están en peligro. Sobre grandes
extensiones de la superficie del planeta las condiciones esenciales de dignidad
y de la libertad humana ya han desaparecido. En otras están bajo
constante amenaza ante el desarrollo de las tendencias políticas actuales. La
posición de los individuos y los grupos de adscripción voluntaria se ve
progresivamente socavada por extensiones de poder arbitrario. Hasta la más
preciada posesión del hombre occidental, su libertad de pensamiento y de expresión está amenazada por el
despliegue de credos que reclamando el
privilegio de la tolerancia cuando están en situación de minoría, procuran
solamente establecer una posición de poder desde la cual suprimir y obliterar
todas las perspectivas que no sean la suya.[4]
También se apeló a la idea de que el desastre
era inminente y que el neoliberalismo era la única alternativa. Posteriormente,
para generar el consentimiento para implantar el modelo neoliberal se apeló
además a diversos medios de comunicación, a las corporaciones, a las
universidades, asociaciones diversas, a think
thanks, etc. y a través de ellos, se atribuyó al modelo neoliberal como la
alternativa para la libertad, después estos sectores evolucionaron a partidos
políticos afines a esa ideología, y terminaron por asumir los poderes
estatales.[5]
En
este punto considero importante profundizar sobre el papel de los medios de
comunicación en estos menesteres, el cual
es fundamental, Osorio nos advierte ya sobre el papel de éstos como
nuevas formas de dominación. Al respecto, cabe retomar el rol de la televisión
como medio de manipulación de masas y de difusión de proyectos[6],
en este caso, del modelo neoliberal; Internet también ha sido usado para la manipulación,
- si bien al principio de la implantación del modelo neoliberal, su importancia
no rebasaba a la de la televisión, actualmente sí juega un papel fundamental,
sobre todo de desinformación y polarización de criterios-. Las universidades,
también destacan, pues en ellas, en muchos casos, hablar de la colectividad o
de teóricos como Marx está visto como algo anacrónico y fuera de lugar; así,
estas instituciones también se convierten en difusoras y protectoras de un
pensamiento afín al modelo neoliberal.
Pero,
considero que algo fundamental para el éxito de la ideología del neoliberalismo
es el predominio y la difusión de prácticas como el fomento del individualismo, la capacidad de consumo como status social, y la libertad…de mercado, algo que también ya se ha convertido en
parte del sentido común. Con éstos y
otros medios, la ideología neoliberal logró obtener su hegemonía, y por tanto,
la implantación de sus políticas económicas.
La
doctrina neoliberal fue implantada por sus teóricos como medida para
contrarrestar la crisis económica del modelo Keynesiano, y su meta fue reducir
los niveles inflacionarios, algo que si bien consiguió durante la primera
década, no fue así en los años siguientes; no obstante, sí impactó fuertemente
los sectores sociales, como el trabajo, la salud y la educación, además de que
evidenció enormes niveles de desigualdad con su aplicación. Ante esto, podría
esperarse el fin de tan nefasta doctrina, sin embargo, esto no sucedió, algo
que Anderson nos explica de manera muy puntual,
¿Cómo
explicar este segundo aliento en el mundo capitalista avanzado? Una de sus
razones fundamentales fue claramente la victoria del neoliberalismo en otra
área del mundo, o sea, la caída del comunismo en Europa oriental y en la Unión
Soviética, del 89 a 91, exactamente en el momento en que los límites del
neoliberalismo en el propio Occidente se tornaban cada vez más obvios. [7]
Y
coincidimos con este autor en este punto, pues con la caída de un modelo como
el del régimen Soviético, el neoliberalismo pudo ostentarse tranquilamente como la única opción posible, además de que
siguió valiéndose de la manipulación ideológica para conseguir su estadía a
mayor escala planetaria.
Aquí
debemos señalar el papel importantísimo que jugó el Estado en el modelo neoliberal,
pues a diferencia del modelo Keynesiano donde tenía un papel más activo en la
regulación del mercado, en el modelo actual se ve relegado y sometido a los
mandamientos de los grandes capitales, por lo cual, su papel como intermediario
-si es que alguna vez lo tuvo- entre los diversos sectores sociales y los
grandes capitales se ve prácticamente anulado. Al respecto Osorio nos explica,
El
estado es en esencia una condensación de relaciones de poder y dominio de
clase, que adquiere la forma institucional de un aparato que cumple diversas
funciones de acuerdo con las necesidades e intereses de la clase dominante. (…)
La forma y las funciones de ese Estado
son acordes en lo fundamental con los requerimientos de reproducción de
capital en espacios y territorios específicos (…)
Es
decir, siguiendo esta concepción, podemos deducir que los beneficios del estado
keynesiano dejaron de ser útiles a la clase dominante, y por tanto, determinó
evolucionar a un estado más benefactor a sus intereses de clase, el modelo
neoliberal.
Sin
embargo, a pesar de que el predominio de esta ideología parezca inevitable, es
preciso señalar también, que su hegemonía se ve constantemente enfrentada por
la resistencia de los sectores más desfavorecidos por este modelo depredador,
muchos de los cuales, a pesar de todas las formas de dominación a las que se
ven sometidos, logran encumbrar débiles
propuestas de rechazo a las políticas de libre mercado. Un ejemplo de estas
resistencias son las de los pueblos originarios, quienes han visto únicamente el
despojo constante de sus territorios y bienes naturales a pesar de que también
han visto incorporadas algunas de sus demandas en importantes reformas
constitucionales. En consonancia, cabe señalar que existen también posturas
políticas gubernamentales que se autonombran como posneoliberales, pero que en la práctica, difícilmente abandonan
los postulados del neoliberalismo, y por ello, hay autores que ven estas
posturas únicamente como un nuevo medio de consolidación del capitalismo[8],
el cual se vale de nuevas estrategias para conseguir la legitimación y
aprobación de un modelo que busca la perpetuidad de la explotación y la
desigualdad.
Aquí
considero oportuno citar el caso particular de América Latina, pues es una zona
que ha sufrido y continúa sufriendo la implantación del modelo neoliberal,
donde para combatir las demandas sociales o las resistencias que se oponen al
modelo, los sectores dominantes camuflan nuevas formas de dominación, bajo el
pretexto de incluir las demandas de los sectores descontentos, hacen emerger
nuevas formas de gobiernos, quienes lejos de abandonar los postulados del libre
mercado, al legitimarse extinguen las demandas sociales y las incorporan a su
discurso político. Los sectores afectados, al sentir incorporadas sus demandas
abandonan o apaciguan las luchas que les dieron origen, sin embargo, con el
paso del tiempo se dan cuenta que sus demandas o las legislaciones que lograron
obtener no son efectivas ni aplicables a sus situaciones particulares, y no
necesariamente porque las leyes no estén vigentes, sino porque éstas chocan con
los postulados del libre mercado. Algunos ejemplos de este tipo de prácticas
podemos encontrarlos con los gobiernos que se autodenominan progresistas, como
Ecuador, Bolivia y Venezuela. Es por ello que existen teóricos que denuncian el
contenido de sus textos constitucionales, pues afirman que ellos
(…) protegen y fomentan mediante un lenguaje de
connotación el intercambio mercantil, la venta de fuerza de trabajo, la
expropiación continuada de los medios de producción, y la centralización de la
producción jurídica y de la sanción coactiva, todas ellas encubiertas por un
lenguaje denotativo dirigido a la manipulación y con fuerte carga emotiva tales
como ‘democratización’ o ‘plurinacionalidad’, ‘buen vivir’, o ‘derechos de la
naturaleza’.[9]
Nuestra
región, al ser uno de los territorios más diversos en cuanto a bienes
naturales, es por ello también, un territorio en disputa entre los grandes
capitales y las comunidades locales. El modelo neoliberal como fase vigente del
capitalismo juega un papel vital en este aspecto, pues al no existir trabas
para el ingreso de capitales extranjeros éstos irrumpen libremente a las
fuentes de energéticos y demás bienes naturales del continente. El Estado se
limita entonces a otorgar concesiones a empresas privadas y a brindarles
seguridad para evitar cualquier obstrucción a la depredación de recursos. Ahora
bien, desde la doctrina Monroe, es sabido el particular interés que tiene EU en
el territorio de América Latina, no obstante, debemos considerar que no es el
único país interesado, pues también es cierto que los capitales no siempre
tienen nacionalidad; entonces pueden entrar diversas compañías transnacionales,
las cuales pueden estar respaldadas por activos financieros de diversas
nacionalidades. La usanza actual es que los grandes dueños del capital no
posean empresas en su totalidad, sino acciones en ellas.
Ante
esto, ¿de qué manera podemos enfrentar la encrucijada de un modelo económico
que genera tal nivel de desigualdad económica con el fin de satisfacer a una
élite cada vez más reducida de dueños del mundo?
Considero
que no todo está perdido, si bien el modelo asume cada vez nuevas formas de
legitimación social, también es verdad que las resistencias se valen también de
nuevos medios y estrategias de lucha,
además, es cierto también que cada vez más personas adquieren
consciencia de los daños del capitalismo, y por ello, me gustaría recuperar
aquí la idea de Anderson respecto a las lecciones que debemos aprender del neoliberalismo,
y en este caso, quiero recuperar la tercera lección,
No aceptar
como inmutable ninguna institución establecida. Cuando el neoliberalismo era un
fenómeno menospreciado y marginal, durante el gran auge del capitalismo de los
años cincuenta y sesenta, parecía inconcebible al consenso burgués de aquel
tiempo crear el desempleo de cerca de 40 millones de personas en los países
ricos sin provocar trastornos sociales. Parecía impensable proclamar
abiertamente la redistribución de los ingresos de los pobres a los ricos en
nombre del valor de la desigualdad; parecía inimaginable privatizar no solo el
petróleo, sino también el agua, el correo, los hospitales, las escuelas, hasta
las prisiones. Pero, como sabemos, todo esto se demostró factible cuando la correlación
de fuerzas cambió con la larga recesión. El mensaje de los neoliberales fue, en
este sentido, electrizante en las sociedades capitalistas. Ninguna institución,
por más consagrada y familiar que sea, es en principio intocable. El paisaje
institucional es mucho más maleable de lo que se cree.[10]
Entonces,
ante el panorama desolador que nos muestra el sistema capitalista, debemos
recordar que es un modelo transitorio, y que la clave para combatirlo está en
las luchas de los sectores oprimidos –la gran mayoría- pues somos nosotros
quienes debemos siempre mirar al horizonte, creer en la posibilidad de otros
mundos y no renunciar a esa idea a pesar de lo difícil que parezca seguir. Para
algunos teóricos, el mundo es lenguaje, y por tanto, lo importante es luchar
por el sentido del mundo. Así si para los teóricos neoliberales “libertad”
significa libertad de opresión y explotación, demostrémosle nosotros la
auténtica concepción de libertad,
pues
… así
como las palabras nos hacen partícipes de la reproducción de la hegemonía y
dominación, las palabras también son y deben ser parte de una trama que desafíe
esa hegemonía y esa dominación.[11]