Ya hemos hablado en artículos anteriores de la justicia,
tanto de la justicia en el sentido estricto del término, como de la justicia
institucional. Ahora bien, ¿qué podemos decir de la justicia social?
Este concepto, es también controvertido, sin embargo, tomaremos
en este caso la definición que usa Rawls, pues nos pareció una de las más
integradas, ésta se refiere a que la justicia social no se basa en que algunos
deban tener menos para que otros obtengan más, lo cual sería ventajoso pero no
justo. La justicia social comprende un esquema de cooperación para que todos
obtengan una vida satisfactoria, lo que conduce a pensar en una distribución
equitativa de oportunidades, de ventajas.[1]
Bueno, tomando esta definición en cuenta y para no
atormentarlos por mucho tiempo hablaremos del caso específico de México. Él nos
bastará por ahora.
¿Podemos hablar de justicia social a los niños que fallecen
de hambre y de enfermedades como la gripe o las infecciones estomacales en una
de las comunidades más pobres de la Montaña de Guerrero? ¿O a los campesinos de
las zonas más pobres del país que se alquilan para trabajar en la frontera a
cambio de sueldos de miseria?
¿Existirá justicia social para el pasante de medicina que
realiza su servicio social en una zona rural de Oaxaca cuando se percata que no
existen medicinas para tratar las afecciones más comunes de la población?
¿Qué pensará de la justicia social una empleada de una maquiladora
en Puebla que recibe menos del salario mínimo y que incluso labora más de diez
horas diarias para darle de comer a sus hijos?
Suponemos que si le preguntamos a una de las tantas mujeres
que dio a luz en el patio de un hospital en Puebla si cree que existe justicia
social, es probable que nos termine diciendo hasta de lo que vamos a morir.
Quizá lo mismo sucedería si le preguntamos a alguna víctima de violación, cuando
lejos de sentirse protegida en el Ministerio Público, se siente agredida por
los comentarios lascivos de los oficiales que la interrogan.
¿Existirá diferencia si preguntamos por ejemplo a un preso
político o a alguno de los despachos de Carlos Slim su opinión acerca de la justicia
social? La respuesta sería obvia, los abogados del magnate quizá estén
demasiado conformes y gustosos cuando a su cliente se le reintegren enormes
cantidades de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, gracias a sus
argucias legales. Por su parte, el preso político difícilmente opinaría lo mismo,
los años y los maltratos a los que ha sido sometido en su reclusión quizá le
hayan mostrado una realidad completamente distinta.
Podemos ver con estos ejemplos, que es evidente que la
justicia social está sumamente devaluada en nuestro país, y las políticas
gubernamentales no parecen tener intención de mejorarla, incluso, parecen
atentar contra ella.