martes, 16 de septiembre de 2014

ARISTÓTELES Y LA IDEA DE JUSTICIA.

Aristóteles contemplaba una noción de justicia que algunos consideran como superada actualmente, sin embargo, debemos tomar en cuenta el contexto en el cual se desenvolvía este filósofo, separado de nosotros por un poco más de dos milenios, pero que con sus afirmaciones acerca de la justicia sentó las bases de las concepciones modernas de este término.
Para empezar, Aristóteles concebía a la justicia como virtud absoluta, como la cualidad moral que obligaba a los hombres  a hacer cosas justas,  y decía que existían diversas maneras de considerar a un hombre como injusto; la primera, se refería a aquel hombre que faltaba a las leyes; la segunda, a aquel que era demasiado codicioso; y la tercera, se refería a aquel que era inicuo.
En el primer caso, observamos que para Aristóteles, las leyes eran creadas para favorecer el interés general de los ciudadanos, o el interés de los principales de ellos, o incluso el interés especial de los Jefes de Estado; por ello, decía el filósofo que dichas leyes tenían que ser necesariamente justas,  y por tanto, aquel que no las observaba era candidato a ser llamado injusto. Ya que se consideraba en aquella época, que todas las cosas que eran llamadas legales, eran de algún modo cosas justas. Aquí cabe esta cita del pensador griego:
La ley extiende igualmente su imperio sobre todas las demás virtudes, sobre todos los vicios, prescribiendo unas acciones y prohibiendo otras; con razón, cuando la ley ha sido racionalmente hecha, sin razón, cuando ha sido improvisada con poca reflexión.[1]
En este sentido, y si aplicamos esta premisa en la actualidad, veríamos que la brecha sería grande. Trataremos de explicarlo de la siguiente manera: el sistema democrático en el que se supone que nos encontramos en México, pretende que el interés que debe respetarse es el de las mayorías, y que eso es lo que se considera como interés general. Sin embargo, inmediatamente nos percataríamos de que las leyes que supuestamente deben beneficiar a dicha mayoría, benefician en muchos casos a algunas élites de poder que controlan los órganos creadores de legislación, por ello, no puede corresponder necesariamente que aquel que observe las leyes pueda ser llamado justo, ni aquel que las desobedece injusto.
Los siguientes ejemplos de hombres injustos, Aristóteles los encontraba primeramente en el codicioso, en el ávido. Aquél que exigía más de lo que le era debido era necesariamente injusto, decía el filósofo; pero no sólo él, el siguiente tipo de hombre injusto, también podía ser aquél que pedía menos de lo debido, por ejemplo, aquél que pedía menos males, es decir, quien pedía un mal menor del que le correspondía originalmente, aunque a éste, Aristóteles lo llamaba particularmente inicuo, ya que violaba las leyes de la igualdad.
En este caso, podemos observar y afirmar que se sigue compartiendo la opinión de este filósofo, respecto a estas últimas concepciones de hombre injusto, ya que también actualmente, quien exige más de lo que le es debido, es llamado injusto, de la misma forma que aquél que hábilmente pretende recibir menos males de los que merece.
¿Qué podemos concluir entonces? ¿Está realmente superada la concepción de justicia de Aristóteles? En lo particular, podemos decir que no, y tal aseveración la deducimos de lo que hemos expuesto anteriormente, no conservamos totalmente la exactitud de su concepción, sin embargo, tampoco podemos huir de ella, incluso si pretendemos objetarla.                                                     


[1] ARISTÓTELES, Ética Nicomaquea, Libro Quinto, Capítulo Primero.

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