Justicia… ¿qué es la justicia en
un lugar como San Miguel? El término ingresó con la conquista española. En el
lenguaje prehispánico de la comunidad, el chocho, el término no tiene
equivalente, ¿será que nunca lo necesitaron entonces?
Le pregunté a papá, pero no supo
responderme, me mencionó algunos términos equivalentes a la igualdad, pero de justicia…
nada.
Tío Pedro es un comunero del
pueblo, apasionado de temas como la política y algunos otros asuntos, replica
mucho cuando cree que algo no sucedió como debió ser. Es uno de los miembros
con más edad en la comunidad, y también uno de los que más conoce de sus leyes
y costumbres. Sabe que los tiempos han cambiado, que las duras épocas de
escasez que vivió en su infancia han quedado en un recuerdo, recuerdo que sufre
y añora a la vez; sin embargo, hay algo que sabe que no debe cambiar, que no
debe cambiarse si se quiere preservar la unión entre los miembros de su
comunidad, esa cuestión es: el respeto.
-No respetar a los demás, además
de grosero, es injusto - dice.
Su indignación crece cuando habla
de las nuevas generaciones, de lo insolentes que nos hemos vuelto con los
mayores y en general, con todos.
Para Tía Jose, la justicia es un
asunto más de Dios, a quien no debemos reprochar sus designios, sus decisiones
no son injustas, siempre tienen una razón de ser, aunque no podamos
comprenderlas, así que es inútil cuestionarnos el porqué de nuestras desgracias,
seguramente son en castigo a nuestras ofensas, y eso, dice Tía Jose, es lo
justo. La mayoría de las tías del pueblo como ella, piensan de manera similar,
en Dios descansan sus plegarias, y eso les da fuerza para seguir adelante con
sus duras tareas del día con día.
La pequeña Nancy, dice que es
injusto que Dalia, su hermana mayor, no quiera prestarle su peluche de pollo.
-¿Por qué es injusto? - Le
cuestiono.
- Pues porque los juguetes son de
las dos, y ella ha jugado con mi pollo ya mucho tiempo, ahora debería
prestármelo, -llora.
Dalia me grita que es injusto que
la deje atrás cuando vamos a cuidar a las cabras, tiene miedo de que se tope
cara a cara con un coyote, o peor aún, con algún espíritu del monte.
Aurora, recién egresada de una
Ingeniería en Recursos Naturales de la Universidad Autónoma Chapingo, considera
que es extremadamente injusto contaminar el planeta usando demasiados químicos
para el cultivo, tirando basura en las calles, contaminando el agua y demás,
- El planeta es de todos,
dice. ¿Por qué dañar la salud de todos
por el beneficio económico de unos cuantos?
La abuelita Epifania, dice que es
injusto que la dejen sola, que ya nadie se acuerda de ella. Tristemente, quien
no recuerda que una de mis tías está en la cocina, es ella.
– Esta enfermedad es injusta con
mi mamá- dice la tía Lupe… ha perdido sus recuerdos de forma acelerada y me da
miedo que un día no me reconozca.
Para Anita, quien anda de visita
por el rancho, la justicia es algo en lo que no quiere pensar, pues no quiere
perder el tiempo en tribulaciones inútiles, es más interesante para ella, trabajar
con las nuevas tecnologías. Esas viejas cuestiones que llevan milenios causando
escozor en los sinquehacer, no son algo que le turbe, la vida es muy corta para
eso,
-¿por qué torturarse en esas
sinrazones cuando existen cosas tan maravillosas que se pueden adquirir con dinero
contante y sonante?
- Espera… -me dice- … hay algo que sí es
injusto, ¿por qué nací en México y no en Japón o Corea del Sur?
En fin, estas son algunas de las
apreciaciones de justicia en ese escondido lugar de la Mixteca Oaxaqueña. Pero, ¿a qué voy con ello? ¿Qué podemos
observar de esos testimonios que parecen tan diferentes entre sí?
Pues básicamente lo que quiero
mostrar es eso, que la idea de justicia es algo sumamente complejo, y tan
singular como los tipos de mentalidades que existen, no es una concepción
uniforme. Eso del concepto de Ulpiano de dar a cada quien lo suyo, Kelsen lo
refuta interrogando ¿qué es lo suyo de cada quién? Y con bastante razón considero,
pues justicia no es algo en lo que se haya llegado a un consenso aún, a pesar
de miles de años de discusión al respecto. La razón la explica el propio Kelsen
en su Teoría General del Derecho y el Estado, la concibe como un juicio
subjetivo de valor, que este autor relaciona con la felicidad:
“La aspiración a la justicia es el eterno anhelo humano de felicidad. El
individuo aislado no puede, en cuanto tal, encontrar la felicidad, y por ello
la busca en sociedad. Justicia es felicidad social.”[1]
Es por ello que afirma entonces Kelsen que es
imposible establecer un orden justo que procure la felicidad de cada uno de sus
miembros, pues llegaría algún inevitable momento en que el concepto de
felicidad de uno, choque con el de otro. Tampoco, para este autor, es posible
pretender satisfacer la felicidad del mayor número de individuos, ya que la
felicidad en este caso, será aquella que se use en sentido colectivo.
En resumen, Kelsen destruye tajantemente el clásico y romántico ideal de justicia, en el sentido estricto del término, para él éste es incluso, una idea vacía, carente de significado, una tautología.
En resumen, Kelsen destruye tajantemente el clásico y romántico ideal de justicia, en el sentido estricto del término, para él éste es incluso, una idea vacía, carente de significado, una tautología.