martes, 27 de junio de 2017

EL ÉXITO IDEOLÓGICO NEOLIBERAL

Para hablar sobre neoliberalismo, me parece interesante este título que he retomado de un apartado de Jaime Osorio[1], pues efectivamente, la implantación y subsistencia del proyecto neoliberal hubiera sido prácticamente imposible sin el éxito de una ideología que lo legitimara. Lo anterior, en virtud de que sabemos que la eficacia de una doctrina reside principalmente en el nivel de consentimiento o aceptación que pueda obtener de sus destinatarios, es decir, de la construcción de un sentido común, en términos de Gramsci.[2]
Ya Valenzuela nos habla de las dimensiones de la doctrina neoliberal, de las cuales considero importante retomar la primera, pues se refiere a la dimensión filosófica o ideológica, la cual, en el caso del neoliberalismo como ideología dominante, protege entonces los intereses de la clase dirigente y con esa finalidad, se vale de un conjunto de proposiciones, de las cuales, el autor retoma las siguientes:
a) una economía capitalista asegura el pleno empleo de los recursos, tanto de la fuerza de trabajo como de los medios de producción; b) los recursos se emplean del modo más eficiente y, por ende, se maximiza el producto y el crecimiento; c) la distribución del ingreso entre capitalistas y asalariados no hace sino retribuir a cada grupo social (y a cada individuo) de acuerdo a su contribución al producto. Es decir, no existe la explotación y los intereses económicos de capitalistas y asalariados son solidarios y convergentes; d) asimismo, sostiene que el sistema, abandonado a su propia suerte, es espontáneamente estable amén de eficiente. Más aún, en este contexto se señala que la eventual intervención estatal es fuente de ineficiencia e inestabilidad; e) en este contexto, también se señala que todo intervencionismo o regulación de las relaciones económicas con el exterior genera ineficiencias en la asignación de recursos y las consiguientes “pérdidas de bienestar”. Por lo mismo, se aboga firmemente por el libre comercio y la plena libertad de movimiento de los capitales.[3]
Ahora bien, cabe señalar aquí que, para que una ideología o forma de pensamiento  sea dominante, tiene que presentarse de manera que sea sugerente para nuestras intuiciones, instintos, valores y deseos, y si esto es posible, el aparato conceptual de dicha ideología se adhiere de tal forma al sentido común, que se convierte en una verdad incuestionable.
En la Reunión de los principales teóricos neoliberales en 1947 en Mont Pelerin, Hayek el convocante, además de otros ideólogos, entre los que se encontraban Milton Friedman, Karl Popper, Lionel Robbins, Ludwing Von Mises, Walter Eukpen, Walter Lippman, Michael Polanyi y Salvador de Madariaga, se reunieron con el propósito de combatir el Keynesianismo y el solidarismo, preparando las bases para un modelo sustituto, uno que promoviera la libertad de mercado y por tanto,  la nula intervención estatal, para ello apelaron a la desigualdad como valor positivo.
El momento oportuno para implantar la ideología neoliberal surgió con la crisis del modelo económico de la posguerra, cuando el mundo se encontraba en plena recesión económica, fue entonces que los neoliberales culparon de la crisis al poder los sindicatos y al movimiento obrero. Aquí considero que debemos retomar la idea de la construcción del sentido común; pues éste se elabora a partir de prácticas asentadas en el tiempo de socialización cultural, a menudo hondamente enraizadas en tradiciones regionales o nacionales. Entonces, ¿cómo se apeló a la construcción de un sentido común afín al neoliberalismo? Pues bien, Harvey nos aclara que en el caso de EU, la palabra libertad forma parte del sentido común de la población, y por ello, los neoliberales mañosamente apelaron a ese término.
Los valores centrales de la civilización están en peligro. Sobre grandes extensiones de la superficie del planeta las condiciones esenciales de dignidad y de la libertad humana ya han desaparecido. En otras están bajo constante amenaza ante el desarrollo de las tendencias políticas actuales. La posición de los individuos y los grupos de adscripción voluntaria se ve progresivamente socavada por extensiones de poder arbitrario. Hasta la más preciada posesión del hombre occidental, su libertad de pensamiento y de expresión está amenazada por el despliegue  de credos que reclamando el privilegio de la tolerancia cuando están en situación de minoría, procuran solamente establecer una posición de poder desde la cual suprimir y obliterar todas las perspectivas que no sean la suya.[4]
También se apeló a la idea de que el desastre era inminente y que el neoliberalismo era la única alternativa. Posteriormente, para generar el consentimiento para implantar el modelo neoliberal se apeló además a diversos medios de comunicación, a las corporaciones, a las universidades, asociaciones diversas, a think thanks, etc. y a través de ellos, se atribuyó al modelo neoliberal como la alternativa para la libertad, después estos sectores evolucionaron a partidos políticos afines a esa ideología, y terminaron por asumir los poderes estatales.[5]
En este punto considero importante profundizar sobre el papel de los medios de comunicación en estos menesteres, el cual  es fundamental, Osorio nos advierte ya sobre el papel de éstos como nuevas formas de dominación. Al respecto, cabe retomar el rol de la televisión como medio de manipulación de masas y de difusión de proyectos[6], en este caso, del modelo neoliberal; Internet también ha sido usado para la manipulación, - si bien al principio de la implantación del modelo neoliberal, su importancia no rebasaba a la de la televisión, actualmente sí juega un papel fundamental, sobre todo de desinformación y polarización de criterios-. Las universidades, también destacan, pues en ellas, en muchos casos, hablar de la colectividad o de teóricos como Marx está visto como algo anacrónico y fuera de lugar; así, estas instituciones también se convierten en difusoras y protectoras de un pensamiento afín al modelo neoliberal.
Pero, considero que algo fundamental para el éxito de la ideología del neoliberalismo es el predominio y la difusión de prácticas como el fomento del individualismo, la capacidad de consumo como status social, y la libertad…de mercado, algo que también ya se ha convertido en parte del sentido común. Con éstos y otros medios, la ideología neoliberal logró obtener su hegemonía, y por tanto, la implantación de sus políticas económicas.
La doctrina neoliberal fue implantada por sus teóricos como medida para contrarrestar la crisis económica del modelo Keynesiano, y su meta fue reducir los niveles inflacionarios, algo que si bien consiguió durante la primera década, no fue así en los años siguientes; no obstante, sí impactó fuertemente los sectores sociales, como el trabajo, la salud y la educación, además de que evidenció enormes niveles de desigualdad con su aplicación. Ante esto, podría esperarse el fin de tan nefasta doctrina, sin embargo, esto no sucedió, algo que Anderson nos explica de manera muy puntual,
¿Cómo explicar este segundo aliento en el mundo capitalista avanzado? Una de sus razones fundamentales fue claramente la victoria del neoliberalismo en otra área del mundo, o sea, la caída del comunismo en Europa oriental y en la Unión Soviética, del 89 a 91, exactamente en el momento en que los límites del neoliberalismo en el propio Occidente se tornaban cada vez más obvios. [7]
Y coincidimos con este autor en este punto, pues con la caída de un modelo como el del régimen Soviético, el neoliberalismo pudo ostentarse tranquilamente  como la única opción posible, además de que siguió valiéndose de la manipulación ideológica para conseguir su estadía a mayor escala planetaria.
Aquí debemos señalar el papel importantísimo que jugó el Estado en el modelo neoliberal, pues a diferencia del modelo Keynesiano donde tenía un papel más activo en la regulación del mercado, en el modelo actual se ve relegado y sometido a los mandamientos de los grandes capitales, por lo cual, su papel como intermediario -si es que alguna vez lo tuvo- entre los diversos sectores sociales y los grandes capitales se ve prácticamente anulado. Al respecto Osorio nos explica,
El estado es en esencia una condensación de relaciones de poder y dominio de clase, que adquiere la forma institucional de un aparato que cumple diversas funciones de acuerdo con las necesidades e intereses de la clase dominante. (…) La forma y las funciones de ese Estado  son acordes en lo fundamental con los requerimientos de reproducción de capital en espacios y territorios específicos (…)
Es decir, siguiendo esta concepción, podemos deducir que los beneficios del estado keynesiano dejaron de ser útiles a la clase dominante, y por tanto, determinó evolucionar a un estado más benefactor a sus intereses de clase, el modelo neoliberal.
Sin embargo, a pesar de que el predominio de esta ideología parezca inevitable, es preciso señalar también, que su hegemonía se ve constantemente enfrentada por la resistencia de los sectores más desfavorecidos por este modelo depredador, muchos de los cuales, a pesar de todas las formas de dominación a las que se ven sometidos,  logran encumbrar débiles propuestas de rechazo a las políticas de libre mercado. Un ejemplo de estas resistencias son las de los pueblos originarios, quienes han visto únicamente el despojo constante de sus territorios y bienes naturales a pesar de que también han visto incorporadas algunas de sus demandas en importantes reformas constitucionales. En consonancia, cabe señalar que existen también posturas políticas gubernamentales que se autonombran como posneoliberales, pero que en la práctica, difícilmente abandonan los postulados del neoliberalismo, y por ello, hay autores que ven estas posturas únicamente como un nuevo medio de consolidación del capitalismo[8], el cual se vale de nuevas estrategias para conseguir la legitimación y aprobación de un modelo que busca la perpetuidad de la explotación y la desigualdad.
Aquí considero oportuno citar el caso particular de América Latina, pues es una zona que ha sufrido y continúa sufriendo la implantación del modelo neoliberal, donde para combatir las demandas sociales o las resistencias que se oponen al modelo, los sectores dominantes camuflan nuevas formas de dominación, bajo el pretexto de incluir las demandas de los sectores descontentos, hacen emerger nuevas formas de gobiernos, quienes lejos de abandonar los postulados del libre mercado, al legitimarse extinguen las demandas sociales y las incorporan a su discurso político. Los sectores afectados, al sentir incorporadas sus demandas abandonan o apaciguan las luchas que les dieron origen, sin embargo, con el paso del tiempo se dan cuenta que sus demandas o las legislaciones que lograron obtener no son efectivas ni aplicables a sus situaciones particulares, y no necesariamente porque las leyes no estén vigentes, sino porque éstas chocan con los postulados del libre mercado. Algunos ejemplos de este tipo de prácticas podemos encontrarlos con los gobiernos que se autodenominan progresistas, como Ecuador, Bolivia y Venezuela. Es por ello que existen teóricos que denuncian el contenido de sus textos constitucionales, pues afirman que ellos
(…) protegen y fomentan mediante un lenguaje de connotación el intercambio mercantil, la venta de fuerza de trabajo, la expropiación continuada de los medios de producción, y la centralización de la producción jurídica y de la sanción coactiva, todas ellas encubiertas por un lenguaje denotativo dirigido a la manipulación y con fuerte carga emotiva tales como ‘democratización’ o ‘plurinacionalidad’, ‘buen vivir’, o ‘derechos de la naturaleza’.[9]
Nuestra región, al ser uno de los territorios más diversos en cuanto a bienes naturales, es por ello también, un territorio en disputa entre los grandes capitales y las comunidades locales. El modelo neoliberal como fase vigente del capitalismo juega un papel vital en este aspecto, pues al no existir trabas para el ingreso de capitales extranjeros éstos irrumpen libremente a las fuentes de energéticos y demás bienes naturales del continente. El Estado se limita entonces a otorgar concesiones a empresas privadas y a brindarles seguridad para evitar cualquier obstrucción a la depredación de recursos. Ahora bien, desde la doctrina Monroe, es sabido el particular interés que tiene EU en el territorio de América Latina, no obstante, debemos considerar que no es el único país interesado, pues también es cierto que los capitales no siempre tienen nacionalidad; entonces pueden entrar diversas compañías transnacionales, las cuales pueden estar respaldadas por activos financieros de diversas nacionalidades. La usanza actual es que los grandes dueños del capital no posean empresas en su totalidad, sino acciones en ellas.
Ante esto, ¿de qué manera podemos enfrentar la encrucijada de un modelo económico que genera tal nivel de desigualdad económica con el fin de satisfacer a una élite cada vez más reducida de dueños del mundo?
Considero que no todo está perdido, si bien el modelo asume cada vez nuevas formas de legitimación social, también es verdad que las resistencias se valen también de nuevos medios y estrategias de lucha,  además, es cierto también que cada vez más personas adquieren consciencia de los daños del capitalismo, y por ello, me gustaría recuperar aquí la idea de Anderson respecto a las lecciones que debemos aprender del neoliberalismo, y en este caso, quiero recuperar la tercera lección,
No aceptar como inmutable ninguna institución establecida. Cuando el neoliberalismo era un fenómeno menospreciado y marginal, durante el gran auge del capitalismo de los años cincuenta y sesenta, parecía inconcebible al consenso burgués de aquel tiempo crear el desempleo de cerca de 40 millones de personas en los países ricos sin provocar trastornos sociales. Parecía impensable proclamar abiertamente la redistribución de los ingresos de los pobres a los ricos en nombre del valor de la desigualdad; parecía inimaginable privatizar no solo el petróleo, sino también el agua, el correo, los hospitales, las escuelas, hasta las prisiones. Pero, como sabemos, todo esto se demostró factible cuando la correlación de fuerzas cambió con la larga recesión. El mensaje de los neoliberales fue, en este sentido, electrizante en las sociedades capitalistas. Ninguna institución, por más consagrada y familiar que sea, es en principio intocable. El paisaje institucional es mucho más maleable de lo que se cree.[10]
Entonces, ante el panorama desolador que nos muestra el sistema capitalista, debemos recordar que es un modelo transitorio, y que la clave para combatirlo está en las luchas de los sectores oprimidos –la gran mayoría- pues somos nosotros quienes debemos siempre mirar al horizonte, creer en la posibilidad de otros mundos y no renunciar a esa idea a pesar de lo difícil que parezca seguir. Para algunos teóricos, el mundo es lenguaje, y por tanto, lo importante es luchar por el sentido del mundo. Así si para los teóricos neoliberales “libertad” significa libertad de opresión y explotación, demostrémosle nosotros la auténtica concepción de libertad, pues
… así como las palabras nos hacen partícipes de la reproducción de la hegemonía y dominación, las palabras también son y deben ser parte de una trama que desafíe esa hegemonía y esa dominación.[11]






[1] Osorio,Jaime, Contrainsurgencia y neoliberalismo, p.203
[2]  El sentido común aparece como una amalgama de diversas ideologías tradicionales y de la ideología de la clase dirigente: el buen sentido. Vid. Portelli, Hugues, Gramsci y el bloque histórico, María Braun (trad.) 4a. ed., México, D.F, Siglo XXI editores, 1977.p. 20-21
[3] Valenzuela Feijóo, José, Cinco dimensiones del modelo neoliberal, p. 10-12

[5] Cfr. Harvey David, Breve historia del neoliberalismo, La Paz, Ediciones Akal, 2007 p.57 y ss.
[6] Cfr. Osorio, Jaime, Contrainsurgencia y neoliberalismo, p. 202
[7] Anderson, Perry, Balance del Neoliberalismo, Lecciones para la izquierda.  p. 118
[8] Vid. Stolowicz, Beatriz, El “posneoliberalismo” y la reconfiguración del capitalismo en América Latina (2011),p. 13-37
[9] Melgarito, Alma, El derecho como campo de batalla, Tesis Doctorado, Facultad de Derecho, UNAM, 2016, p.197
[10] Anderson, Perry, Balance del Neoliberalismo, Lecciones para la izquierda. p. 124
[11] Melgarito, Alma, op. cit. p. 3

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