domingo, 9 de julio de 2017

MAISTRITO DE PUEBLO



Por ABRAHAM RIVERA SÁNCHEZ


Que ya te dije que no

Y tus caprichos no acepto,

Aunque me dejes de hablar,

Aunque te sientas molesto,

Aunque me cuelgues la cara,

Y aunque me hagas sentimientos,

No he de darte permiso...

Antes te saco cuero.

Tanto dinero he gastado,

Tanto celo, tanto empeño...

La primaria, la secundaria,

Prepa y curso propedéutico,

tanta hablada de tu parte

Con todos tus compañeros

Diciendo...que tu serías

Un profesionista bueno,

Que ibas pa’ licenciado,

O que sino serías... médico,

Contador, militar, cura,

Político o ingeniero.

Y hoy que estás como chiflado,

O loco te estás volviendo,

Me sales de babosote

Con la idea de ser maestro...

Tanto dinero gastado,

Tanto afán y tanto empeño,

Tantas felicitaciones

De amigos y compañeros...

Para que hoy... ¡con gran cinismo!

Tú me digas... "ya no quiero

Llegar a ser burgués cursi,

Sino preciado maestro".

¿Qué no te va a dar vergüenza

de rebajarte tan feo?

¿Qué no vas a sonrojarte

de bajar a tal empleo?

¿Maistrito? ¡Qué gran cosa!

¡Qué dignidad! ¡Qué talento!

¡Qué porvenir! ¡Qué importancia!

¡Qué prestigio! ¡Qué abolengo!

Maistrito de escuela... un torpe que nada sabe de cierto,

Haragán, irresponsable,

Vago, pobre... un majadero.

Maistrito... sólo un Don nadie,

Un vulgar vago del pueblo,

Que va a organizar plantones,

Marchas, huelgas y jaleos.

Un flojo que sólo quiere

Ganar dinero y dinero

Sin importarle los niños,

Ni sentir el magisterio,

Que no venera la patria,

hombre ruin politiquero,

pues para él sólo es valioso

pasarla de mitotero.

Explíqueme... licenciado,

Dígame usted... ingeniero,

¿Qué va a enseñarle a los niños?

¿Cómo va a orientar al pueblo?

¿Cómo va a exponer su clase

a los niños de primero?

Si usted no sabe contar,

Ni jugar, ni está contento,

Ni sabe del trato amable,

Y menos contar un cuento,

Y sólo sabe vestirse

Más o menos... de cirquero.

Muy sabiondo el hombrecito,

¡Que ni quebrados ni enteros,

decimales ni nada

sabe el señor embustero!

Así que... ¡ya dije que no!

¡Y no me siga moliendo...!

Qué normal ni que normal...

¡No quiero que seas maestro!

Antes te llevo al ejido

Pa’ que seas jornalero,

Pa’ que el sol te dé en el lomo,

Y te pongas fuerte y prieto.


Así me dijo mi padre,

Y yo que mucho lo quiero,

Bajé la frente y salí

Diciéndole... "Estoy de acuerdo,

Yo seré lo que usted diga,

En verdad... se lo prometo,

pero ya no esté enojado,

pues le hace daño... y me apeno."

Salí a la calle, vagué

Por las calles y los huertos,

Por al jardín, la placita,

Por la iglesia y el colegio...

Miré a los peones cansados,

Sudorosos, sin aliento,

Poniendo sobre un papel

Sólo la huella del dedo,

Vi a las mujeres descalzas

Cargando leña del cerro,

Vi a los niños, muchos niños

Jugar en los basureros.

Recogí desesperado

A esa gente de mi pueblo,

A esa gente sin fortuna

Sin redención, sin consuelo,

Los metí en mi corazón,

En mi entraña, en mi cerebro,

Les di patria en mi conciencia

Y me confundí con ellos.

Allí frente aquellos niños

Frente a esos enfermos,

Pensé que eran angelitos

despreciados por el cielo.

Miré que no tenían alas,

Los mire casi sin cuerpo,

Ángeles sin un hogar,

Sin Dios y sin consuelo.

Y pensé... "si me aferrara

a ser licenciado o médico

contador, conferencista,

sacerdote o ingeniero,

¿Cómo podría despertar

la conciencia de mi pueblo?

¿Qué les favorecería

que yo lograra alto empleo

si ni justicia, ni amor,

ni palabras de consuelo

podría darles y ofrecerles

para calmar su tormento?"

Entonces volví a mi hogar,

Todo lo tenia resuelto,

Llamé a mi padre y le dije:

"Yo a usted mucho lo respeto...

Comprendo sus sacrificios,

Sé de sus ansias y sus sueños,

Pero hoy... quiero que me escuhe

Por favor, sólo un... sólo un momento:

Si quiere que sea feliz

Y desea que sirva al pueblo,

Si quiere que colabore

Para mejorar a México,

Si usted quiere que mi vida

la dedique a lo que quiero,

luchando por la igualdad,

por la ciencia y el progreso...

deje que yo tenga

la profesión con que sueño,

deje que yo sea feliz

con mis niños sin colegio.

Deje que mi vocación

Se torne clase y recreo,

Que sea lección de cariño,

Que sea canto, que sea verso,

Que pueda yo ser lucero

Con la luz del alfabeto,

Que pueda ser manantial,

Que sacie la sed del pueblo.

Déjeme sufrir... luchar,

Déjeme vivir con ellos,

Para lograr educarlos,

Para construir un colegio,

Déjeme... que luche...

Deme permiso, le ruego,

Para sembrar esperanzas,

Para apuntalar anhelos,

Deje que forme una escuela,

Escuela a los cuatro vientos,

Escuela de libertades

Donde haya luz y contento.

Deme permiso papá...

Que sea un maistrito de pueblo,

Que marque programas justos,

Que trace caminos nuevos,

Deje que siembre la mies

Deje que se propicie el vuelo

De esa águila que parece

No tener alas ni aliento.

Deje que escuche mi voz

El militar, el gobierno,

El sacerdote, el artista,

El paria y el jornalero.

Si ya mi hermano es doctor,

y el mayor ya es arquitecto

¿por qué no me permite usted

que yo me torne maestro;

si ellos en su ingratitud,

ya han formado un mundo nuevo,

de explotación, de egoísmo,

de lujos y de dinero?

Si de usted se han olvidado,

Si ya no vienen al pueblo,

Y en su situación burguesa

Gratitud y amor han muerto

Si ellos saben que aquí, en casa

Hay pobreza y hay apremios,

Porque ni por caridad,

Lo atienden cuando está enfermo..."


Mi padre quedó pensando,

Silencio guardó un momento,

Luego... me abrazó y me dijo.

"Sí, muchacho... te comprendo

Vete a luchar, hijo mío.

Yo esperaré tu regreso,

Sabiendo que traerás cosas

Logradas con Fe y Empeño.

Cuando vuelvas, hijo mío

Vamos a estar muy contentos,

Y se llenará la casa,

Con tu amor y tus pequeños,

Si aquí no me encuentras ya,

Sé que tendrás el consuelo

De regresar a tu pueblo,

Yo sé que vendrás a verme,

Y querrás con toda tu alma,

Enseñarme el alfabeto.

Mas si aquí no me encontraras,

Ve a buscarme al campo santo,

Y allí solitos los dos

Envueltos en el silencio,

Me dirás de tus afanes,

De tus luchas y proyectos,

De tus sencillas tareas

De tu honor y de tus éxitos.

No me traigas flores, hijo,

Yo sé que no las merezco,

Ni cruz, ni ceras, ni nada,

Sólo quiero tu recuerdo.

Anda, hijo mío... vete, vete ya,

México espera tu esfuerzo,

Te espera el hombre ignorante

Y los niños macilentos,

Yo aquí me quedo esperando

Con orgullo verdadero,

Porque sé que cumplirás

Ser prestigiado maestro.

Anda hijo mío... vete ya,

Que si de momento muero,

Con orgullo gritaré:

MI HIJO....

¡ES MAISTRITO DE PUEBLO!

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