A principios de este año, el
Departamento de Estado de los Estados Unidos, emitió su informe anual sobre
derechos humanos, donde examinaba el desempeño de aproximadamente 200 países en este rubro.
El senador John Kerry, afirmó en
la presentación del documento, que no hablaban con arrogancia, sino con
preocupación por la condición humana. Además, se decía orgulloso de que su país fuera
uno de los principales promotores del respeto a los Derechos Humanos.
Curiosamente, los países que se
destacaron en su dichosa lista como los principales violadores de derechos
humanos, fueron todos aquellos que se oponen a sus políticas de intervención, y
que en resumen son los principales opositores del régimen norteamericano. [1]
En Asia por ejemplo, E. U. criticó a
China por la falta de independencia judicial, a Rusia por limitar la oposición
política, y no podía faltar Corea del Norte ni Ucrania en la lista negra. En
Medio Oriente, no olvidó a Siria, como uno de los casos más graves.
Ya por estos lares, es decir, en América
Latina, arremetió una vez más contra Cuba, Venezuela y Ecuador:
“En Cuba critica el uso de amenazas, intimidación y detención por parte
del gobierno para suprimir la libertad de expresión y de asamblea pacífica. En
Ecuador cuestiona las cada vez mayores restricciones sobre libertad de
expresión tanto en las calles como en los medios, y en particular la violencia
e intimidación contra mujeres, niños y grupos indígenas. Venezuela por lo que
dice es la concentración del poder en el Ejecutivo y medidas para suprimir las
libertad (sic) de expresión de la
oposición, y hasta por reportes de homicidios ilegales”.[2]
¿Pero qué les pasa a estos
señores? Encima de todas sus estrategias y atrocidades para controlar la
geopolítica, ¿todavía pretenden que les creamos ese cuento de que
ningún país está tan interesado en la causa de los derechos humanos como ellos?
Sólo que sea para destruirlos y así perpetuar su hegemonía.
¿Qué hay con su política
antimigratoria, con Guantánamo, con la pena de muerte, con la intervención
descarada en la política de otros países, con el tráfico de armas para
financiar conflictos, con la intervención de información personal a millones de
personas alrededor del mundo y demás?
Haciendo gala una vez de la doble
moral que los caracteriza ¿se atreven a culpar al resto del mundo cuando éste
ya ha visto por doquier los atropellos que sufren quienes no están de acuerdo
con sus políticas manipuladoras e intervencionistas?
¿Con qué calidad moral se atreven
a erigirse en justicieros del resto de las naciones? No encuentro forma de
llamarle a eso, más que hipocresía inaudita.
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