domingo, 30 de noviembre de 2014

YO SOY*

Yo soy Raquel, soy Susana, soy Marta
Tu compañera de colegio
Tu vecina
O aquélla que estudiaba con vos,
La delegada de la fábrica
O nada más que alguien que leía a Neruda,
Una equivocación de los de arriba.

Soy esa que sacaron esa noche
De la manzana de tu casa
Iluminada por tantos reflectores
Y tanto despliegue de uniformes e itakas;
O la otra aquélla
Que en las tardes de plaza
Te escuchaba contar de mamaderas
Con tu hijo en los  brazos
Y el de ella en la panza,
Y que un día ya no volviste a ver,
Tampoco preguntaste.
Y soy aquélla, innumerable hermana
Que nadie sabe cómo
Se fue sin dejar rastro,
Ni siquiera una carta
Porque los asesinos rondaban por las noches
Hiriéndonos la vida
Y siempre por la espalda.

Después ya nunca supe
Lo que pasó conmigo ni de qué me acusaban,
Ya solamente el miedo
Era mi última casa
Pero pensaba:
Me acordaba del sol y de los días largos,
De mi abuela, de las calles del barrio
Pero nunca lloraba;
Llorar sí que me hubiera dado miedo,
Era como entregar la última esperanza.

Por eso es que juntaba mis dos manos
Pequeñas y me hacía una cuna
De consuelo y palabras.
Me decía-es un error y se darán cuenta-
-están equivocados.

Nunca se dieron cuenta
O quizás demasiado
Ya que nunca en la vida tuve un arma en la mano
Pero disparo fuerte con ideas y sueños
Que al final he entendido
Son la armas que temen.
Y por eso soñaba, y mis sueños rompían
El día en mil pedazos
Atravesando muros y capuchas
Y humillaciones, vejámenes
Porque los sueños-¿sabés?- Nadie puede pararlos.

Y es así que por eso
De algún modo estoy viva
Y los torturadores no pudieron conmigo
A pesar de matarme y esconder mis pedazos
Enterrando mi riza
Entre cenizas acres.

Por eso cuando a veces
Te veo demorada, parada en una esquina
Apretando los párpados,
O cuando en esas noches de neblina y espanto
andás por Buenos Aires con el amor partido
y las lágrimas corren sin que puedas pararlas,
yo quisiera que sepas
que nunca me han matado;
quisiera de tu mano caminar y contarte
que yo estoy de algún modo
cada vez que me nombran
porque ahora mi casa
es el corazón tuyo y el de los que quedaron.
Y ya no estoy perdida, sangrante y lacerada
Sino que me levanto cada día cantando
Y vivo en la memoria
Del pueblo que no cesa
De recordar la injuria
Y en tus ojos que lloran como si me lavaran.

Si vos ya lo sabías, acordate,
Los hombres nunca alcanzan a destruir los sueños;
Se creen que los rompen
Porque derraman sangre
Y ellos se les escapan
Por un hueco de lápidas.

Por eso no te quedes taciturna
En las calles tragándote la lluvia
Como veneno agrio.
Vení que soy América, soy tu sangre, tus ganas
Y corro en tus arterias con esa fuerza antigua
Con que la historia clama.
Juntas somos la vida, la madre, los hogares
Adonde todavía el fuego no se apaga
Y los hijos aprenden la humana geografía
Y protegen la vida
Del vientre en adelante.

Juntas somos la tierra, el futuro, esa vida:
Enjuágate las lágrimas
Que la esperanza viene con su bandera blanca,
Y un vuelo de palomas
Se estrena por el aire.
YO SOY

* Diana Olivera, Revista Crítica Jurídica No. 19. Año 2001, CEIICH, UNAM.


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